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La filosofía Lean

Muy pocas empresas la conocen, y menos la practican. La filosofía Lean implica, a todas luces, una revolución. Porque parte de la base de que cualquier nuevo negocio, producto o servicio comienza en medio de la mayor de las incertidumbres. Y, por tanto, que no podemos dar nada por seguro si no lo hemos comprobado de manera fehaciente.
La filosofía Lean se puede resumir así: crear – medir – aprender. Ante todo, hay que crear la idea. Pero como los humanos a menudo creemos que nuestras ideas son sensacionales sólo porque las hemos tenido, es necesario que estemos seguros de que la idea que hemos generado realmente interesa, midiendo sus efectos sobre los consumidores, clientes o usuarios. Luego, a través del feedback que vamos recibiendo a partir de prototipos o de pruebas piloto, aprendemos del proceso y vamos ajustando la idea hasta convertirla en un éxito, destino final de toda innovación que realmente valga la pena. Se trata, por tanto, de aplicar el método científico a la innovación. ¿Una buena idea? Hay que demostrar que realmente lo es con meses y meses de trabajo. Huir de las “ideas vanidosas” y comprobar hipótesis con contabilidad Lean y experimentos constantes.
No parece fácil, a primera vista. A veces la innovación consiste simplemente en probar a ciegas si una idea más o menos ingeniosa funciona o no. Pero haciéndolo así podemos perder mucho dinero y, por tanto, poner en peligro la estabilidad financiera de nuestra empresa, sea pequeña, mediana o grande.
Uno de los conceptos más interesantes de la filosofía Lean es el concepto de “pivotar”. En un proyecto de innovación, pivotamos cuando nos damos cuenta que la primera idea no funciona de la manera que habíamos imaginado. Por ejemplo, en un principio Instagram estaba planteado como sistema de localización, pero sus creadores se dieron cuenta del valor enorme que tenía la idea de compartir imágenes. Instagram acabó convirtiéndose, pues, en una red social para el intercambio de fotografías.
Sin la habilidad de pivotar podemos menospreciar ideas que no funcionan tal como las habíamos pensado pero que, bien replanteadas, pueden tener mucho más éxito. Una vez más nos damos cuenta de la importancia extrema de experimentar, probar y equivocarse en la innovación. No hay éxito sin pruebas, ensayos, errores y dolores de cabeza. Hay que olvidar la idea del “personaje creativo” que, de repente, parece elevarse por encima de los demás y, en un momento de epifanía, es capaz de hacer maravillas creativas. No. La innovación necesita modestia, trabajo en equipo, ensayo y error y capacidad de escucha, aprendizaje y comprensión.
Pero uno de los conceptos más interesantes de la filosofía Lean es que, para ser aplicada, hay que desafiar algunos de los elementos tradicionales del statu quo de las empresas: jerarquías, controles y burocracia. En efecto, para que el “efecto Lean” funcione, hay que dar poder a los equipos de innovación y dejar que se muevan con libertad y rapidez por el entramado organizativo, a menudo formulado de tal manera que es enemigo irreconciliable de la innovación.

¿Interesados en conocer a fondo esta metodología? No os perdáis, entonces, el libro que hoy os recomiendo: EL METODO LEAN STARTUP de ERIC RIES , Deusto Ediciones, uno de los mejores textos de innovación y emprendimiento que he leído últimamente.

 

Este artículo se publicó en catalán en el diario L’Econòmic.

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