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Innovación abierta

Tengo una idea, y ahora qué hago? Todo proceso creativo comienza con una idea. No debemos dejar de decirlo porque sea evidente, ya que hay todavía gente que parece que lo ignora.
Sin ideas no hay nada. Y para tener ideas es necesario imaginación, flexibilidad, información (no demasiada), fantasía, capacidad de razonamiento y un montón de cosas más. Pero muchas empresas argumentan, con razón, que el problema no es tener ideas, sino convertirlas en realidad. De hecho, los procesos de innovación fracasan a menudo porque no se ha podido pasar del concepto al prototipo, y del prototipo, el resultado final.
Las empresas que han logrado sistematizar la innovación saben, que de la idea inicial al impacto en el mercado, hay una distancia considerable. A través de una gestión por fases (Stage Gate Modelo) no consiguen sólo que el proceso no se detenga, sino que vaya avanzando hasta llegar al fin. Pero muchas veces la implementación de la idea es demasiado compleja para que la pueda llevar a cabo la misma empresa. Imaginemos que una pyme catalana quiere trabajar la idea de un helado que no manche la ropa. El concepto es excelente, y es posible que la mayoría de los consumidores estarían encantados de poder consumir helados sin mancharse (especialmente los padres, hartos de lavar ropa de sus hijos llena de manchas multicolores de helado …). Lo más probable es que el departamento de I + D (si existe) de esta supuesta empresa, no tenga capacidad tecnológica para hacer frente a un reto de estas dimensiones.
Tenemos una idea, pero no la podemos hacer realidad. ¿Qué hacemos? Hemos hablado ya muchas veces de la innovación abierta. Consiste en entender que las innovaciones cada vez menos tienen lugar en el estricto interior de la empresa. Vivimos en un mundo demasiado complejo para tener soluciones para todos los retos.
Hay que innovar apoyándonos en nuestro ecosistema. Y eso qué quiere decir? Pues buscar los agentes (próximos o lejanos en el espacio) que puedan cubrir nuestras carencias. En el caso del helado que nos ocupa, nuestra pyme podría, por ejemplo, solicitar los servicios de alguno de los muchos centros de investigación tecnológica que hay en su entorno. O podría entrar en contacto con parques de investigación universitarios. Todos estos centros tienen cientos de investigadores y de expertos que pueden ayudarnos a convertir las ideas en realidades.
Hay que ser humilde y comprender que una empresa, por poderosa que sea, nunca puede aspirar a controlarlo todo. Recordemos que más del 50% de las innovaciones de la omnipotente Procter & Gamble tienen su origen fuera de la empresa.
Si innovar es un reto insoslayable, es preciso que cualquier empresa que se ponga tenga en cuenta que la práctica de la innovación pasa también por saber establecer redes de contactos y de networking a su alrededor.
Edison tenía muy buenas ideas, pero también gozaba de excelentes colaboradores y se relacionaba muy bien con la banca y con los medios de comunicación de la época. No sólo hay que ser bueno. También es imprescindible rodearse de los mejores y saberse vender.

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