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Crear significa hacer

Un buen creativo debe ser radicalmente imaginativo, en efecto, pero también debe saber transformar el potencial, la imaginación en soluciones prácticas y aplicables.
Me gusta mucho el pie de portada del libro que unos buenos amigos han publicado recientemente. Dice “Actuar para crear y crear para actuar”. Me gusta porque muchas veces, equivocadamente, se cree que ser creativo significa dedicarse a dar vueltas inútiles a las cosas por el simple placer de hacerse el interesante. Nada más lejos de la verdad. La creatividad, si no es práctica, no sirve de nada, especialmente en el mundo de la empresa, que es el que nos ocupa.
En realidad, la creatividad no sirve de mucho si no se transforma en innovación. Innovar significa alterar en positivo, de forma moderada o radical, algo que ya existe. Innovamos, por ejemplo, cuando encontramos los mecanismos que hacen que una célula tumoral escape de las tácticas de autodefensa de nuestro organismo, como ha hecho recientemente el oncólogo catalán Joan Massagué. ¿Qué queremos más práctico que eso? Innovamos cuando somos capaces de romper los esquemas que aprisionan una determinada realidad y vamos más allá, como hizo Johan Cruyff con el fútbol, tanto con el Ajax como con el Barça.
Revolucionar
Innovar es moverse, hacer, actuar, definir, acabar, mejorar, revolucionar. Nada que ver con los tópicos que aún circulan por algunos lugares, según los cuales las personas creativas son poco prácticas y viven colgadas en las nubes de forma permanente. Un buen creativo debe ser radicalmente imaginativo, en efecto, pero también debe saber transformar el potencial y la imaginación en soluciones prácticas y aplicables.
Un buen ejemplo de esto es sin duda Shigeru Miyamoto, el célebre autor de videojuegos como Super Mario Bros o, sin ir más lejos, de la Wii de Nintendo. Casi nada … Resulta interesante saber que, de niño, Miyamoto era un niño extraordinariamente imaginativo. Se cerraba en unas cuevas de los bosques cercanos a Kyoto y allí dejaba volar su imaginación. Seguro que estas experiencias radicales durante su niñez le fueron de mucha utilidad para luego poder ser una persona con una enorme capacidad creativa e innovadora. Primero, el sueño. Después, la crítica. Finalmente, la realidad. Este es el famoso método creativo de otro visionario: Walt Disney.
Miyamoto y Disney fueron capaces de poner su exuberante imaginación al servicio de las ideas prácticas y de éxito. Esto mismo es lo que hay que hacer en las empresas que valoran las actitudes creativas de sus integrantes: pasar de las promesas a las realidades.
Siete movimientos
Yo propongo hacerlo en siete movimientos. Primero, definir el rumbo innovador de la empresa. Segundo, crear un equipo de innovación con personas ilusionadas y muy diferentes entre sí. Tercero, procurar eliminar los obstáculos a la innovación (burocracias, jerarquías excesivas, etc.). Cuarto, hacer lecturas constantes de las tendencias sociales y tecnológicas que afectan al que nuestra empresa hace. Quinto, experimentar constantemente en talleres creativos y buscar ideas rompedoras. Sexto, desarrollar las ideas más brillantes a través de proyectos de innovación. Y finalmente, procurar medir y controlar los resultados de todo ello. Recuerde: una idea no es novedosa si no tiene éxito …
/Si quieres profundizar en las 7 estrategias de creatividad & innovación puedes visualizar estos videos de mi canal de Youtube/
Artículo publicado en catalán por Diari L’Economic

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