15 de enero de 2014 | 0 Comentarios

Una historia de piratas…

Una historia de piratas…

Doug Dietz, un veterano ejecutivo de General Electric Healthcare, estaba contemplando orgulloso un ejemplar de su máquina MRI (Magnetic Resonance Imaging –en castellano formación de imágenes por resonancia magnética-), instalada en un prestigioso hospital estadounidense. La máquina había recibido premios a su diseño y eficacia. Doug y su empresa, pues, rezumaban orgullo por los cuatro costados. Y no era para menos…

Pero cuando Doug contemplaba la MRI una enfermera se acercó con una paciente, una niña pequeña cogida de la mano de su padre. La niña, atemorizada y llorando, no quería entrar en el tubo de la máquina. La enfermera se vió obligada a sedarla, como así ocurre con un porcentaje no desdeñable de pacientes. Sabido es, que para que una resonancia magnética salga correcta, es imprescindible la total quietud del sujeto examinado. Doug sintió en su propia piel la angustia de la pobre niña.

Doug Dietz dejó de contemplar con tanto orgullo su MRI. Era, en efecto, un artilugio tecnológicamente impecable. Pero había visto con claridad que esa no era la percepción de la niñita ni de sus padres. Inmediatamente, Doug pensó que debía hacer algo.

Un curso sobre innovación centrada en las personas abrió su mente. Se dió cuenta de que la tecnología tiene un papel básico en la innovación y que, además, ésta debe ser rentable. Pero aprendió que la tercera gran condición para innovar es satisfacer adecuadamente alguna necesidad humana. Su MRI no lo estaba haciendo. Doug creó un equipo interdisciplinar de expertos y, después de un período de pruebas, experimentos y prototipos, dió con una solución fantástica: los MRI’s de GEH simularían una aventura para que su utilización por parte de niños fuera percibida de una forma totalmente diferente. Como podéis ver en la imagen, así nació la “serie de aventuras” aplicadas a los aparatos de resonancia magnética para niños. Se trata de nueve experiencias distintas (en la imagen el “barco pirata”) que han conseguido reducir de forma drástica los niveles de ansiedad de los pacientes y, por lo tanto, la necesidad de sedarlos.

Los niños son invitados a hacer un viaje (por el mar, por el espacio…). La condición es que estén lo más quietos posible para que los enemigos no puedan detectarles… El diseño amigable de las máquinas, los colores y la experiencia asociada de juego divertido, consiguen que los niños perciban la situación de una manera completamente distinta. Además, al final del proceso reciben un regalo como recompensa a su capacidad para estar quietos.

Todo un ejemplo de “Human Centered Innovation” (innovación centrada en las personas) narrado por los hermanos David y Tom Kelley en su impresionante libro “Creative Confidence”. La conjunción de tecnología, negocio y personas configura un modelo de innovación de primer nivel que tiene en cuenta las tres dimensiones esenciales del éxito. Sin la parte humana, muchas innovaciones, además de ser antipáticas o molestas, no resuelven realmente ningún problema desde la perspectiva del cliente o del usuario. Thanks Dave, thanks Tom for this incredible example of human innovation!

Doug Dietz cuenta en primera persona en TEDxSanJoseCA la experiencia que detallamos en este post. Lo comparto (es en inglés).

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