05 de noviembre de 2014 | 3 Comentarios

Mantenerse ingenuo con el paso de los años

Mantenerse ingenuo con el paso de los años

Parece claro que la creatividad tiene bastante que ver con la ingenuidad. Porque si uno es ingenuo tiende a no dar demasiadas cosas por supuestas, y eso favorece el pensamiento creativo. Ser un poco ingenuo amplía horizontes, allana barreras, fomenta la imaginación, destruye los miedos y favorece la inteligencia creativa. Einstein era muy serio pero también muy infantil. Y eso le permitía alternar entre diferentes estados mentales que, en conjunto, le facilitaban nuevos enfoques a viejos problemas.

Los niños son más ingenuos que la mayoría de adultos. Por tanto, recuperar una parte de la ingenuidad infantil debería ser bueno para no caer en el realismo pesimista de la edad adulta. Los niños hacen que muchas cosas sean posibles porque no se plantean que no puedan serlo. Y ahí está una de las claves fundamentales de la creatividad: creer que algo pueda ser posible. Si de entrada sólo consideramos los impedimentos, éstos acabarán pesando más que las posibles soluciones.

Pero no es fácil regresar a la infancia. Nos han educado para ser adultos más o menos serios y circunspectos. Hemos aprendido a ser lógicos y racionales, y rara vez echamos mano de la intuición para resolver nuestros problemas. Sin embargo, los científicos nos advierten que la verdadera intuición es más fiable que los datos y la elaboración exclusivamente racional de los hechos. Nos enfrentamos a un gran dilema.

Yo procuro mantener el contacto con mi infancia a través de volver a leer las mismas cosas que leía cuando era niño. Los tebeos de Jorge y Fernando, los fantásticos libros de aventura y misterio de Enid Blyton, las desternillantes correrías de Mortadelo y Filemón… pero también procuro volver a ver películas que, de pequeño, me transportaban a mundos de ensueño: King Kong, Viaje al centro de la tierra, Tom Sawyer… Aunque no tengo hijos, me encanta compartir algunos momentos con los hijos de mis amigos y observar su imaginación desbordante y sus juegos.

Ahora mismo estoy releyendo uno de mis preferidos “Aventura en la isla” de la genial (e injustamente criticada) Enid Blyton. Túneles secretos bajo el mar, pozos perdidos en islas remotas, vida al aire libre, amistades infantiles, riesgo y emoción…

Si queréis manteneros jóvenes, desconfiad de los potingues milagrosos: de noche, antes de ir a dormir, preparad regresos momentáneos a vuestros años mozos. Es la mejor forma de mantener una ingenuidad que jamás deberíamos haber perdido. Y dormiréis mucho mejor sin necesidad de pastillitas.

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  1. Comparto su opinión. Recrearse en esos ecos del pasado ingenuo, de cuando éramos niños, de las cosas felices y otras no tantas que nos sucedían, en verdad, ayudan para sentirse bien cuando en mi caso, me siento para escribir alguna historia. De ese pasado he recreado varias novelas en las que comparto esas vivencias con acciones del presente. Algunos ejemplos en El Proceso, El Proceso I, Baraka y Cosas Juzgada. Lo felicito por sus muy interesantes y alentadores escritos. A la orden desde Venezuela . Att. Eddy León Barreto.
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  2. Hui he acabat de llegir la novel·la d’aventures “La aventura de Diana”, de Nacho Villoch, escrita en el 2014. La recomane.

    Es pot interpretar i aprofitar per a moltes coses.

    A més, genera optimisme i ganes de emprendre.

    Des de fa poc he començat a llegir llibres d’aventures i, això sí, amb un final feliç i que motiven la creativitat.

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