20 de marzo de 2015 | 0 Comentarios

Estados alterados de conciencia

Estados alterados de conciencia

No haré apología de las drogas, claro. Pero todo el mundo sabe que muchos creadores las han utilizado. Los Beatles experimentaron con el ácido lisérgico, por ejemplo. Dicen que las iniciales de la famosa canción “Lucy in the Sky with Diamonds” de John Lennon, hacían referencia al LSD. Quizás sí, quizás no.
Los más prestigiosos neurocientíficos nos dicen que, efectivamente, algunas drogas provocan estados alterados de la conciencia favorecedores de la creatividad. Y es muy posible que sea así. Pero esto tiene enormes riesgos. No puede ser que cada vez que queramos ser creativos nos tengamos que drogar, obviamente, por un montón de razones que el lector puede imaginar.

Hoy he tenido una experiencia extraordinaria. He trabajado con un grupo de profesionales de la Universidad Pompeu Fabra y hemos hecho un ejercicio de alteración de la conciencia sin utilizar, por supuesto, ningún tipo de sustancia. Y ha ido muy bien. Os lo cuento.
He repartido unas tarjetas que compré en el museo de los Beatles de Liverpool (¿casualidad?). Cada persona ha recibido una tarjeta de un animal (por ejemplo un pulpo) y otra de una letra (por ejemplo la r). A partir de ahí los participantes tenían tres minutos para listar palabras relacionadas con el animal que empezaran o contuvieran la letra. Ha sido fantástico porque cuando habíamos pasado un rato diciendo tonterías (por ejemplo roca, almuerzo, marino, enganchar, pegar, rosa, enroscar, nadar, pop-rock, rap, mojar, congelar …) hemos empezado a reír mientras hacíamos el ejercicio como si fuéramos niños de siete u ocho años o como si nos hubiéramos tomado unas copitas de vino (sin ir más lejos). Hemos conseguido alterar moderada pero sustancialmente nuestra conciencia sin hacer nada del otro mundo.
Muchas veces, en las empresas, cuando intentamos ser creativos a través de una lluvia de ideas sucede que la gente no se relaja. Y esta falta de desinhibición fomenta el pensamiento conservador, el miedo al ridículo y la repetición de tópicos. Las empresas ejercen un influjo maligno: pasan a ser lugares serios donde hay que comportarse como adultos y decir cosas consecuentes y sensatas. Todo esto está, por supuesto, reñido con la creatividad. Sin momentos de descontrol y de arrebato no es posible tener ideas auténticamente rompedoras. ¿Cómo superar esta situación?
Pues aprendiendo a desinhibirnos cognitivamente. Hay que construir entornos de confianza donde la gente pierda el miedo y se sienta invitada a decir lo que realmente le pasa por la cabeza. Hay que reaprender a jugar con las ideas aparentemente absurdas para convertirlas en conceptos que puedan ser aprovechados. Hay que aceptar los errores y las equivocaciones y fomentar un ambiente de experimentación constante.
Sin gente que se equivoque, no hay innovación que valga. Desgraciadamente, cuando en muchas empresas se organizan sesiones creativas no pasa casi nada de lo que hemos comentado. Hay tensión, falta de imaginación, ausencia de capacidad lúdica combinatoria (mezclar y jugar con las ideas) y un largo etcétera.
Como hacía Joan Miró cuando pintaba, hay que volver a ser niños. Los adultos somos demasiado predecibles y aburridos para ser creativos. La absurda seriedad de nuestras empresas acabará matando para siempre nuestra potencial capacidad de innovación, esencial para unos tiempos cada vez más complicados. ¿Jugamos? ¿Iguana y la letra q?

Este artículo se publicó en catalán en el diario L’Econòmic.

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