24 de julio de 2013 | 4 Comentarios

Entonces… ¿sirve para algo un directivo?

Entonces… ¿sirve para algo un directivo?

Leo en la prensa de hace unos días que Iberia ha decidido despedir a casi cuarenta directivos. Su estructura de dirección, pues, pasará de 82 a 44 mandamases. Lo interesante es que las razones que se aducen para hacer tal reajuste son la mejora de la agilidad en la toma de decisiones y el aumento de la cooperación y la coordinación entre áreas.

Dicho de otra manera: estos 38 directivos despedidos, además de costar mucho dinero a la compañía, dificultaban la agilidad en la toma de decisiones (que es lo que se supone que tiene que hacer, fundamentalmente, un directivo) y su sola presencia representaba un impedimento para que los departamentos colaboraran con eficacia y eficiencia. Ya se sabe aquello de los caprichos, las órdenes sin más y el egocentrismo perenne que hace que muchas decisiones se tomen por razones relacionadas con el amiguismo, etc.

Increíble, pero cierto. Hemos basado toda una teoría del management en la existencia de una fuerte clase dirigente (con sus correspondientes MBA en prestigiosas escuelas de negocio) y ahora resulta que no sirve para nada. La pregunta es: ¿cuántas empresas podrían hacer cosas parecidas a lo que ha hecho Iberia?

Cuánta razón tiene mi colega Gary Hamel, profesor en la London Business School, cuando afirma sin remilgos que hay que cambiar de cuajo la forma de dirigir empresas que hemos estado utilizando en los últimos cincuenta o cien años. Sus dos recientes libros “El futuro del management” y “Lo que importa ahora” son magníficos porque critican ferozmente a esas organizaciones –la mayoría- que creen firmemente que los directivos son quienes realmente hacen que las cosas pasen, y que sin ellos la empresa sería un caos. ¡Yo creo lo contrario! Creo a pies juntillas que las jerarquías y sus representantes individuales, los directivos, sirven muchas veces para justificar lo injustificable (ascensos innecesarios, como en la mili, sueldos estratosféricos, despachos enormes que hay que ocupar y la sagrada existencia de un organigrama que dice que tiene que haber unas señoras o unos señores que hagan de directivos). Muchas veces, en la mayoría de empresas, las cosas funcionan a pesar de los directivos.

Apuesto por organizaciones (que las hay, como demuestra Hamel en sus textos y artículos) centradas en la innovación constante y que para ello crean estructuras difusas en las que los individuos gozan de muchísimo poder para la toma de decisiones.  Se trata de eliminar los intermediarios casi al máximo y de sustituir los organigramas por círculos de pasión creativa capaces de mover la realidad con muchísima más fuerza.

Vamos a ver si nos dejamos ya de tanta palabrería y empezamos a cambiar las cosas, que no está el horno para bollos.

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  1. .
    Franc.
    En muchas empresas, epecialmente las que vienen de monopolios, hay cargos directivos que están para “recolocar” a aquellos que el cambio de partido gobernante dejará fuera de los puestos públicos de asignación directa.
    .
    Una de las preguntas de fondo es: si los procesos empresariales son procesos transversales (digamos horizontales), ¿por qué las áreas empresariales son verticales y, a menudo, estancas?
    ¿No seria más adecuado crear Direcciones por procesos? Lo que importa es la fluidez del proceso, porque a menudo una mejora de una fase (bajo la visión de departamento) lo que produce es un empeoraiento del proceso global: “Los incrementos rentabilidad local no tienen porque suponer un incremento de rendimiento global”.
    .
    Ahora bien eliminar directivos bajo la “perspectiva de Hamel” supone tener un personal con criterio y, con la capacidad y voluntad de decidir:
    ¿tenemos en nuestra organización personas que acepten la responsabilidad de decidir?.
    Y un teme importante: si se equivocan ¿cómo responde la empresa? ¿lo ayuda a aprender o lo castiga?
    Saludos.
    Gian-Lluís.

    • Hola Gian-Lluís:
      Estoy de acuerdo en que para crear estructuras “tipo Hamel” se deben dar unas condiciones determinadas. No siempre se puede desjerarquizar y ya está. Para que todo el mundo pueda ser un poco jefe, como bien dices, la gente necesita asumir responsabilidades. Y no todo el mundo está dispuesto. ¿Te acuerdas del libro “El miedo a la libertad de Fromm?
      Sé que no es fácil, pero también sé que las cosas tienen que cambiar de forma bastante radical.
      Un abrazo y feliz verano.
      Franc

  2. En mi opinión, la problemática se aborda sin partir de premisas. Es un artículo retórico bonito, grandilocuente (con mis mejores y mayores respetos). Me falta conocer qué tipo de empresas y por qué trabajan mejor sin directivos. No creo que exista gran debate. Sí creo que hay empresas en las que una capa espesa de directivos ralentiza las decisiones e incluso frena la modernidad en la organización, anclándose en sistemas obsoletos o, cuanto menos, ineficientes, por su falta de voluntad en renovarse y formarse. Ya no hablemos de la innovación! Estas empresas suelen ser familiares o gubernamentales (o providentes de una privatización infructuosa en cuanto a cambio cultural, de valores y misiones, se refiere). Ahora bien, hay otras empresas en las que sin directivos, poca cosa funcionaria bien, son organizaciones donde la gran capa de administrativos, auxiliares, secretarias varias y fundadores se pasan la patata caliente de mano en mano sin que nadie resuelva problemas (quizás por ignorancia, quizás por miedo a equivocarse, quizás porque “no les pagan tanto como para eso”). Lamentablemente, en España, aunque sobre todo en Italia y en Portugal, hay empresas de estos dos tipos, existe también un gris intermedio que va cobrando color, alentado por nuevas generaciones que gracias a su ímpetu y falta de paciencia con cierto tipo de patrones yermos, comienzan a mostrar otra manera de hacer las cosas en el trabajo por cuenta ajena. Y no hablo de júniors solamente.
    Y volviendo a la temática, opino que hay un gran porcentaje de empresas que sin directivos no van a ninguna parte más que al caos y al presencialismo.
    Me duele ver manipulada y mamporreada la misión del directivo, quién no únicamente está para tomar decisiones, sino para prudencialmente sopesar alternativas, crear talentos en sus equipos, proporcionar ejemplo de resolución de problemas y tambien de conflictos entre personas, fomentar dinámicas creativas entre divisiones/ departamentos que enriquezcan el diálogo hacia productos mejores y también, al final, tomar las duras decisiones de apostar por ellos o recapacitar (por el bien de los propietarios y de parte de la plantilla). No es poco y me he dejado funciones por generalizar entre los muchos matices que adopta un directivo.

    Gracias por generar debate.
    Saludos cordiales,
    Mari Carmen.

    • Hola Mari Carmen:
      Tienes razón, mi texto es un poco “provocativo”… Soy consciente de que siempre habrá jerarquías y que algunas empresas funcionan bien con ellas. Pero creo que ante los nuevos tiempos que se avecinan deberíamos ser un poco más valientes y tratar de innovar de forma radical en la estructura organizativa de nuestras empresas. Sabemos que se puede hacer, con más o menos éxito: Whole Foods Market, Morning Star, Google, WL Gore (Gore-Tex)… ¿Por qué no experimentamos más en estos temas? ¿Por qué siempre copiamos lo que ya existe y no tratamos de innovar un poco?
      Seguro que hay directivos que llevan a cabo su función de forma impecable, animando a los demás a ser creativos y a tener responsabilidades. Ojalá hubiera muchas empresas así, abiertas y maduras.
      Gracias por tus aportaciones y por el debate.
      Feliz verano,
      Franc

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