18 de febrero de 2013 | 1 Comentario

CRISIS, VALORES E INNOVACIÓN

CRISIS, VALORES E INNOVACIÓN

(Artículo publicado en catalán por L’ECONÒMIC) 

No me gusta nada cuando alguien dice que la situación de crisis llevará a un cambio de valores. Es lo que debería pasar, estoy de acuerdo. Pero no creo que pase. Vivimos en una sociedad en la que los valores del consumismo son demasiado fuertes para que desaparezcan en un santiamén. Tengo muchos colegas de trabajo que, lo reconozco, me sacan de quicio cuando afirman embelesados que “estamos ante un cambio de paradigma y que estamos entrando en una nueva era”. Insisto, no me lo creo.

No niego que una minoría (como siempre ha ocurrido) pueda estar haciendo este cambio, pero nada más. La revolución hippy de los años sesenta hizo cambiar muchas cosas pero dejó casi intactas las bases fundamentales del sistema capitalista: consumo, orden, autoridad, control … Filósofos críticos como Foucault añadieron que, sutilmente, incluso aumentaron los mecanismos de control para hacer “ciudadanos dóciles y adaptados” …
Creo que la gente está cambiando porque no tiene otro remedio. Porque donde antes gastaban ocho ahora sólo pueden gastar cuatro, y poco más. Cuando la economía se recupere (si es que lo hace) y puedan volver a gastar ocho, lo harán. ¿Qué otra cosa podríamos hacer en un mundo que clama constantemente por consumir sin parar? ¿Qué otra cosa podría ocurrir en una sociedad que, cuando deja de vender coches hace sonar todas las señales de alarma? ¿Qué otra cosa podemos esperar de unos políticos corruptos que sólo piensan en la economía?
Desengañémonos: no habrá cambio de valores. Porque hemos convertido el dinero y el consumo en el único valor que da sentido a la vida. Por mucha gente, lo más importante es comprar un coche, una casa, pagar una buena escuela a los hijos, tener un buen teléfono móvil, hacer cierta ostentación … La expresión “que te vayan bien las cosas” implica siempre un cierto bienestar económico y casi nunca lo asociamos, por ejemplo, el bienestar espiritual. De qué me sirve, el bienestar espiritual, si no puedo comprarme la última novedad informática?
En este sentido, la innovación sigue los mismos pasos. La hemos convertido, entre todos, en algo asociado a resultados y a ganancias económicas. Y no es exactamente eso. Innovar, incluso en la empresa, debe tener siempre el objetivo final de hacer la vida más fácil al cliente y de hacernos a todos, un poco más felices. Y esto no está reñido con los beneficios económicos, sin embargo, por el contrario, una buena innovación es rentable.
El auténtico cambio de valores se producirá el día que seamos capaces de entender que más allá del consumo y de las ganancias económicas, hay vida. Y la filosofía de la innovación, cuando es auténtica, persigue eso: aunar felicidad, economía y respeto por nuestro entorno social y ambiental. Sin un equilibrio entre las tres instancias simplemente hoy por hoy no se puede hacer empresa.
Ojalá mis colegas y amigos tengan razón y la crisis nos permita abrir caminos de esperanza. La innovación puede ser, en este sentido, la filosofía que nos ayude a romper viejos moldes del pasado y nos proyecte hacia un mundo diferente, más justo y más libre.


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  1. Impecable Ponti!
    Vivimos en una ruedita de hamster llamada consumo, qué no tiene fin y qué lejos de darnos felicidad y equilibrio… nos dispersa y produce ansiedad. Estamos llenos de “necesidades” totalmente superfluas.
    No creo qué este sistema de mucho más de sí.
    Está en nuestras manos traer a un plano consciente los valores sobre los qué queremos vivir y desde esos valores innovar para crear, como tú bien dices, un mundo más justo, más libre y sostenible.
    Chapó!i me encantó tú artículo, usemos la crisis para salirnos de este paradigma.
    M.

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